Angelicos

Sabido es que las tradiciones basan su solidez en la mecánica de la transmisión paterno filial. El de “padres a hijos” de toda la vida, para que me entiendan. Llevo un rato contemplando los encuadres imposibles (¿hay algo más difícil que encuadrar bien a un niño?) de las fotos de ese acto prefestivo que en el que me voy involucrando directa o indirectamente de un tiempo a esta parte (me imagino que es un acto tradicional pero que yo descubrí hace bien poco, lo que corrobora que la edad segmenta las fiestas en realidades paralelas), y no deja de parecerme divertida la cosa, oigan.
Para empezar, reciben el pañuelo los nacidos en Tudela, que no los de Tudela de siempre, lo que permite observar lo bien que le sienta el rojo a una piel morena o a unos rojos rasgados. Es el signo de los tiempos y el que no lo quiera entender que no lo haga, pero el mismo derecho tiene Mohamed que Pablo a recibir el pañuelico. Y a mí eso me gusta, qué quieren que les diga. (’Leer más’)

